Salvada en tres minutos



Una joven sobrevivió a un paro cardiaco causado por dos lesiones de arma blanca: una le atravesó una de las cavidades del corazón y la otra tocó una parte del pulmón. Una cirugía rápida le devolvió a la vida en unos minutos.

"En la guerra del fin de semana", como los médicos llaman a las emergencias producto de la violencia, se ve de todo en los hospitales. Fracturas de huesos, golpes increíbles, heridas en arterias vitales,... hasta puñaladas en el corazón. En el Hospital Rosales, el principal centro de atención del país más violento de América Latina, los especialistas más veteranos rara vez se sorprenden por una lesión no vista antes.

El pasado 20 de agosto, a las 9:05 de la mañana, un grupo de médicos de la emergencia corrió hacia la entrada alertado por la voz grave del parlante. Miembros de un cuerpo de socorro detuvieron su ambulancia enfrente. En el interior, una joven de 19 años, en estado inconsciente, agonizaba. Su corazón se acaba de parar. Apenas unos minutos antes, un ladrón se había cruzado en su camino a la universidad donde estudia la carrera de profesorado. Al parecer, la joven se había negado a darle el celular y el delincuente la sujetó por la espalda. Acabó con dos puñaladas: la más grave atravesó las dos caras del corazón, la otra le dañó el bazo y el diafragma.

"Atención; código uno, código uno en la emergencia!". Diez personas, entre médicos y equipo de apoyo, rodearon inmediatamente el cuerpo inerte y lo trasladaron al Servicio de Máxima Urgencia. El nombre de la sala lo dice todo. Cruzan la puerta los pacientes más graves, aquellos cuya vida pende de un hilo, aquellos que tienen los minutos contados en este mundo.

Ángel Doño, experimentado cirujano, estaba de turno ese jueves y dirigió ese corto, pero intenso trabajo en el quirófano. "La guerra del fin de semana" adquirió toda su expresión ese día de semana. "Ésta es la lesión de corazón más grave que he visto en la Unidad Máxima en este tiempo", acotó el galeno.

Una herida común

Las lesiones de arma blanca en el corazón son más comunes de lo que parece. El motor del cuerpo es un blanco fácil de los delincuentes. "Generalmente les damos una o dos puntadas a la gente que solía venir de La Praviana y ahora de El Trovador (centro capitalino). La herida del corazón es algo común, pero ésta era enorme", añadió el cirujano.

Los médicos saben de sobra que un paciente no puede pasar más de seis minutos con un paro cardiaco, es decir, sin que le llegue sangre al cerebro. Cuando se sobrepasa ese tiempo, las secuelas posteriores son permanentes e irreversibles.

Desde que la joven cruzó la puerta de la emergencia, los galenos sabían que están contra el reloj.

No había tiempo para exámenes ni reconocimientos. Ni siquiera anestesia, la joven estaba inconsciente. Después abrir con el bisturí observaron un gran coágulo de sangre a un lado del pericardio, la bolsa de tejido que envuelve al corazón.

Colocaron un tubo de tórax en la cavidad pleural para drenar la sangre, fluidos o aire y permitir la expansión de los pulmones. Ese procedimiento, que se conoce como toracostomía, es rápido y seguro, según el galeno. El tubo fue colocado entre la costilla y el pulmón. Previamente, con una incisión en forma de ele invertida se abrió la caja torácica para tener acceso directo al corazón. A un órgano inerte, pequeño y desinflado.

La lesión en la parte anterior del miocardio derecho era de 4.5 centímetros; la de la parte posterior medía cuatro. La sutura de ambas lesiones demoró un minuto exacto. El resto del proceso se llevó un poco más de tres minutos. Todo con el corazón completamente detenido.

Justo en el límite de los seis minutos, este órgano volvió a la vida, empezó a latir con un ritmo de 114 pulsaciones por minuto. La primera herida necesitó nueve puntadas; en la otra ocho y tres de reforzamiento. Todo eso en un minuto.

"En el video, desde que la tratamos hasta que el corazón arranca, solo pasan tres minutos y 11 segundos, más el minuto y medio del paro. Estaba al límite y por eso aún tiene la secuela de visión borrosa", expresó Doño para referirse a una de las secuelas temporales que tiene la joven.

El galeno, previo permiso de la joven, subió el video a la red con fines didácticos. Se observa a una joven recuperada que habla con el médico.

También aparece cuando un día después, la joven despierta asustada, conectada a un ventilador mecánico y varios electrodos que siguen de cerca sus signos vitales.

Si hay una imagen sorprendente es cuando el cirujano, antes de cerrar la caja torácica, introduce su mano en la cavidad para sacar con la mano ahuecada la sangre que dejó la herida.

Casi tres meses después, la joven sigue en control por unas secuelas menores y, según los médicos, temporales. Usa lentes debido a que quedó con la visión borrosa. Además tiene dificultad para flexionar los dedos de la mano izquierda. Algunos ejercicios bastarán para recuperar el movimiento.

Como le ocurre a cualquier víctima de la violencia, la lucha contra el trauma y el miedo es más larga. Por lo pronto no responde el teléfono si el número es desconocido, se ha vuelto retraída y sospecha de todos. Aunque parezca extraño parecen ser las heridas más difíciles de curar.

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